Ray Ban Originales

Ella es de esa estirpe por su audacia y por su ritmo, y también es, como Martínez, una escritora que no renuncia a la esencia del oficio para decir lo que sabe; no la verás nunca inventando asuntos o frases o personajes para alimentar el ritmo del que está naturalmente dotada; tampoco la verás simulando que sabe lo que no sabe, o suponiendo. Ella no supone: indaga. El otro día leí (en Domingo, de EL PAS) el hermoso obituario que escribieron Bernstein y Woodward sobre su jefe, Ben Bradlee; y me emocionó especialmente esto que le decía el legendaria periodista: no supongan..

Es terrible. Hasta los perros tengo repartidos. En la casa que Cubero alquila en un barrio privado de la parte más apetecible de Monterrey se oyen cuatro ladridos diferentes: pertenecen a Luna la más veterana y única testigo de los amores pasados de Nicole , a Bruto un bulldog del que se dice que costó dos mil dólares y estuvo de contrabando en un hotel cinco estrellas mientras las pareja esperaba que le entregaran la casa , a Bono y a Almendra, a mínima expresión en perro chihuahua.

Categorias Cine, Cine colombiano, Documental, Víctimas, Violencia Etiquetas ciroyyo, documental, miguelsalazar, testimonio, víctimas, violencia Publicado el 13 Nov 2017Dos o tres cosas que sé de cineCulturaAutor fgonzalezseEpifanía: la vida quiebra las formasEpifaníacomienza de noche. Una madre ha muerto, una hija, en su duelo, suea con su regreso. La película concluye con otra mujer dando a luz.

Me han saltado las alarmas cuando he visto que Francisco Rivera, el Juan más Juan después del Tenorio, compartió con Alejandra Ruiz Rato, hija de Espartaco y Patricia Rato, un animado recorrido por el Real de la feria sevillana. Alejandra tiene 18 aos, es guapa, rubia, en septiembre comenzará la universidad en Madrid y cuenta con las cualidades para transformarse en una Inés deslumbrada por el poderío del torero, dentro y fuera del ruedo. Prefiero pensar que Francisco es capaz de dominar su instinto de conquista y todo quedará en una soleada jornada por la feria.

Mientras recuerdo esta vivencia, veo que ilustra a la perfección la intermitente y distante relación que siempre he mantenido con el boxeo. Sí es cierto que me aprendí de memoria los combates que Sylvester Stallone libraba en la saga de Rocky, pero quizás lo hice porque sabía que era ficción yanqui pura y dura, que la sangre no llegaba al río. Porque a las tundas de verdad poco caso le he hecho.

Stanley queda totalmente embobado por la belleza de la chica (Tina), y ella también manfiesta cierto interés por Stanley. Eso es lo único bueno que le pasa ese día, que termina con el encuentro de una misteriosa máscara de madera flotando en el puerto de la ciudad, agarrada a un cadáver, y llevándosela a casa. Cuando Stanley se pone la máscara, ésta se adapta a su cara y surge de él el lado reprimido de su personalidad, un superhéroe de cómic con los poderes propios de los dibujos animados.

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